Daniel Filmus, paladín neoconservador

Cuando el viernes pasado entré, junto con representantes de diez organizaciones civiles, al despacho del Senador Filmus a explicar nuestra negativa a su inciativa de introducir un canon digital, lo último que esperaba encontrarme es a un defensor a ultranza del derecho de las corporaciones a controlar el mercado.

Sin embargo, a poco de estar charlando, el Senador dijo:

— Yo lo único que quiero es encontrar una manera para que quienes trabajan en la producción cultural puedan vivir de su trabajo.

La afirmación nos sorprendió, porque la copia privada es algo que existe desde siempre, y no afecta en absoluto la posibilidad de vivir de la producción cultural. Sospechando que el Senador había confundido la copia privadaLa copia privada es aquella que una persona confecciona a partir de una obra que adquirió legalmente, con el fin de usarla en su esfera íntima. Por ejemplo, cuando copio una canción de un CD a mi celular para escucharlo mientras ando en bici, estoy haciendo una copia privada. con la copia no autorizada La copia no autorizada es aquella en la que una persona distribuye copias de una obra sin autorización del autor. Un ejemplo que recientemente cobró notoriedad es el de un docente de la universidad de Lanús que publicaba textos de filosofía en castellano sin fines de lucro., le contamos que ni la una ni la otra son obstáculo para ese objetivo: amén de que las ganancias de las discográficas y editoriales siguen creciendoAlgunos estudios sugieren que eso es es gracias al intercambio de archivos, y no a pesar de él., hay muchas personas que viven del dinero que generan obras que están disponibles gratuitamente: Radiohead, Nine Inch Nails, Monty Python, y el vernáculo Adrián Paenza vende libros de matemáticas que se pueden bajar de la red sin pagar.

La respuesta del Legislador no pudo ser más desconcertante:

— Bueno, pero esos son ejemplos de gente que quiere publicarlo así. ¿Qué hacemos con los que no quieren? Tienen derecho…

O sea que de golpe el tema ya no es encontrar una manera de vivir de la producción cultural, sino de satisfacer el deseo de lucro desmedido de algunos. Aparentemente, para el Senador Filmus basta con que alguien quiera cobrar sus servicios de determinada manera para que el Estado deba ponerse en marcha para entregarle al ciudadano atado de pies y manos, listo para ser separado de su dinero de una forma u otra.

El razonamiento se aplica, por supuesto, a numerosas otras actividades:

  • Bueno, pero esos son ejemplos de gente que quiere vender la leche pura. ¿Qué hacemos con los que le quieren agregar agua? Tienen derecho…
  • Bueno, pero esos son ejemplos de gente que quiere permitir la producción de medicamentos a precio razonable. ¿Qué hacemos con los que quieren venderlos a sumas exorbitantes? Tienen derecho…
  • Bueno, pero esos son ejemplos de gente que quiere hacer inversiones para ofrecer buenos servicios públicos. ¿Qué hacemos con los que no quieren? Tienen derecho…

El departamento de comercio de los Estados Unidos no podría estar más de acuerdo.

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