No está bueno andar arrepintiéndose por ahí. Qué se yo: uno todos los días hace algo de lo que no está particularmente orgulloso, pero lo mejor es a lo hecho, pecho, qué le vamos a hacer, uno no es perfecto, y si la chingué, la chingué, qué tanto.
De cuando en cuando, sin embargo, nos encontramos con que hemos hecho algo demasiado estúpido, tan estúpido que, aunque haya ocurrido hace años, no podemos evitar el arrepentimiento.
Hoy, por ejemplo, me toca arrepentirme públicamente de haber comprado, alguna vez, un disco de León Gieco.

Me sumo al arrepentimiento. En los últimos años, el único disco que compré en una disquería fue bandidos rurales. Nunca tuve dinero para comprar otras cosas que escucho, por lo que de todas maneras las discográficas dueñas de los derechos no hubieran ganado más. Pero ahorré cada centavo convencido de apoyar a un tipo valioso cuando compré bandidos…
¡¡¡qué bol…!!!
Me declaro culpable y arrepentida. No lo volveré a hacer, lo prometo!