CESSI: Las licencias no son tecnología (a menos que me convenga que lo sean)

En el mundo según CESSI, el licenciamiento de software es, y a la vez no es una característica técnica, los “estándares de mercado” (también conocidos como “estandariolas”) son interoperables universalmente, y el software libre no genera valor agregado. A la hora de defender lo indefendible, cualquier parecido con la realidad no sólo es casualidad: molesta.

Tengo en mis manos el texto de una carta que la CESSI dirigiera recientemente a la Comisión de Legislación General y Trabajo de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, acercando su aporte al proyecto de ley de creación de la Agencia de Sistemas de Información.Actualización: En una versión anterior de este texto, decía que el proyecto había sido malogrado, debido a una mala interpretación de un despacho de mayoría que encontré en el sitio de la Legislatura de la ciudad, pero parece que en realidad fue aprobado recientemente. En esta misiva, con vista de lince, CESSI señala una imprecisión en el articulado del proyecto, que mencionaba que esta agencia debía propender al uso de

[…]tecnologías basadas en estándares abiertos y de libre disponibilidad que favorezcan la propiedad de los códigos fuente, el respeto efectivo de los derechos de propiedad intelectual, economías de escala, la replicabilidad de los desarrollos y la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires en sus sistemas de información, procesos y reglas de negocio en la infraestructura, las aplicaciones, los sistemas y bases de datos, con el objetivo de apoyar el desarrollo e impulso de la industria de Tecnologías de Información y Comunicaciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En su carta, CESSI observa que “tecnologías basadas en estándares abiertos y de libre disponibilidad que favorezcan la propiedad de los códigos fuente” es confuso, porque mezcla un concepto técnico (los estándares abiertos) con un concepto legal (el licenciamiento de software), y tienen razón: los estándares abiertos pueden ser soportados tanto por el software libre como por el privativo. Yo agregaría que la redacción es, además, desafortunada cuando habla de la “propiedad de los códigos fuente”, porque no queda claro la propiedad por parte de quién es la que debe ser favorecida. Si la intención de los legisladores era la de fomentar que la Ciudad de Buenos Aires tuviera el control (no necesariamente la propiedad) del los programas que usa, la frase de más arriba debería haber rezado “programas que soporten estándares abiertos, y cuyas condiciones de licencia permitan a la Ciudad de Buenos Aires usarlos, estudiarlos, modificarlos y distribuirlos según sus propias necesidades”.

Pero acto seguido, CESSI recuerda a los legisladores la necesidad de mantener vigente la “neutralidad tecnológica”… y definen a dicha neutralidad como “i) evitar políticas que exijan o prefieran soluciones tecnológicas específicas; ii) evitar políticas que exijan o prefieran modelo específicos de otorgamiento de licencias; y iii) garantizar que las políticas de adquisición de tecnologías estén centradas en criterios objetivos basados en el costo y los aspectos técnicos de la tecnología adquirida.”

¡Epa! ¿Qué pasó de golpe con la agudeza visual de CESSI, que comete aquí el mismo error que los legisladores? Ellos mismos señalaban antes que el modelo de licenciamiento no es un aspecto técnico… ¿qué hace entonces el punto ii) en su definición de “neutralidad tecnológica”? Igualmente curioso es el punto iii), que propone usar el precio de una solución como criterio y no, como sería más lógico, la relación precio/prestación, de la que las condiciones de licencia son un componente importante: no es lo mismo obtener una licencia limitada de uso por $10 que una libre por $20: aunque el precio en la segunda sea mayor, también lo es el valor que aporta.

Estamos una vez más ante la hipocresía de los proveedores de licencias privativas, que insisten en que los términos de las licencias deben ser dejadas fuera de la evaluación de los programas, cuando lo que venden no es programas, sino licencias. Es como si propusieran que, a la hora de adquirir un inmueble, el cliente sólo se fije en las características de las casas y en la lista de precios, pero no evalúe si se trata de un contrato de compra o alquiler, o si se puede escriturar o no.

La agudeza visual también les falla cuando, en la misma misiva, afirman que para la interoperabilidad y la neutralidad tecnológica no es necesario apelar a “estándares abiertos”, sino que basta con “cualquier estándar”. Esto sólo puede entenderse como una defensa de que cualquier “estándar de mercado” alcanza para lograr la neutralidad tecnológica, lo que es evidentemente falso, como saben todos los usuarios de Macintosh y GNU/Linux, que no pueden interactuar con AFIP sin usar programas de Microsoft, o los investigadores de CONICET que sólo pueden interactuar con este organismo usando Microsoft Word, o cualquier ciudadano argentino que, desde hace ya varios días, no puede obtener su CUIL en ANSES usando Firefox, uno de los navegadores más populares de la red.

Digo yo, ¿qué opinan las empresas de software libre que son miembros de CESSI de que su propia cámara inste al Estado a ignorar gran parte del valor agregado que distingue a sus productos de la competencia? ¿Qué opinan de que CESSI envíe comunicaciones oficiales en las que afirma que sus empresas “no producen valor agregado”? ¿CESSI informa a sus socios cuando envía una carta de este tipo? ¿Falta mucho para que CESSI se acuerde de que se supone que representa a las empresas de software y servicios de Argentina, y se deje de desperdiciar recursos en defender el modelo de negocios de los Microsofts y Oracles del mundo? ¿Soy el único que piensa que CESSI le vendría muy bien una política interna de “neutralidad respecto de modelos de negocios”?

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