Acabo de leer un artículo de Ana Montes, “La víctima acudió a la cita”, en la que relata su asistencia a un evento de Fundación Vía Libre, durante el cual Julio Raffo presentó su proyecto de ley de reforma de la ley 11.723. Se trata de un proyecto del que espero no ser del todo inocente: tengo la ilusión de que mis charlas con Julio hayan contribuido a su gestación, y él tuvo la gentileza de compartir conmigo los primeros borradores.

Teniendo en cuenta que el título de la nota dá clara cuenta de que Ana se siente víctima del proyecto, y que escribe en representación de La Migré, abordé la lectura esperando la habitual, aburridísima y mal informada queja de que sin un derecho de autor draconiano los autores se morirían de hambre. No fui defraudado: allí están ese y muchos otros despistados lugares comunes como el que dice que el derecho de autor, tal como lo conocemos, es un derecho humano (no lo es).

Sin embargo, a mitad del artículo me tropiezo con esta frase, resaltada por ella misma:

Los autores estamos a favor de la libre circulación de los contenidos en la red y el único que debe pagar es quién negocia con nuestros deseos de crear y de ser re-creados.

La dificultad de reconciliar esta idea con el resto del artículo no alcanza para opacar la alegría de encontrar una coincidencia: sí, los autores estamos a favor de la libre circulación de las obras 1 Entiendo que las industrias hablen de “contenidos”: para quienes fabrican contenedores (libros, CDs, DVDs), el “contenido“ es la excusa para venderlos. Para los fabricantes de botellas, el vino es “contenido“, pero no creo que los autores debamos hacer propio ese relegamiento a segundo plano de nuestro trabajo. en la red (y en otros ámbitos), y precisamente por eso debemos apoyar la reforma de la 11.723, porque esa ley es una de las más restrictivas del mundo, y activamente conspira contra la circulación de las obras.

Bienvenida entonces, Ana (¿y con ella la Migré?) a las huestes reformistas de la 11.723. Seguramente no vamos a estar de acuerdo en todo, pero si realmente estamos a favor de la libre circulación de las obras, no podemos menos que coincidir en que es necesario relajarla fuertemente. El resto es cuestión de detalles.

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Notas al pie   [ + ]

1. Entiendo que las industrias hablen de “contenidos”: para quienes fabrican contenedores (libros, CDs, DVDs), el “contenido“ es la excusa para venderlos. Para los fabricantes de botellas, el vino es “contenido“, pero no creo que los autores debamos hacer propio ese relegamiento a segundo plano de nuestro trabajo.

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