No lo digo yo, lo dicen Michele Boldrin y David Levine, profesores de la Washington University en St. Louis, en un working paper que publicaron para el Federal Reserve Bank de St. Louis. El núcleo del argumento, según mi traducción:

Una mirada detenida a la evidencia histórica e internacional sugiere que, si bien es cierto que sistemas débiles de patentes pueden mejorar ligeramente la innovación con efectos colaterales limitados, los sistemas fuertes de patentes retardan la innovación y tienen muchos efectos colaterales negativos. Tanto teórica como empíricamente, la economía política de los sistemas de patentes administrados por el gobierno indica que las legislaciones débiles generalmente evolucionan hacia una protección fuerte, y que la demanda de protección más fuerte de las patentes viene de industrias y empresas viejas y estancadas, no de las nuevas e innovadoras. Así, la mejor solución es abolir completamente las patentes a través de medidas constucionales fuertes y buscar, cuando haya evidencia clara de que la libre competencia no está proveyendo suficiente innovación, otros instrumentos legislativos menos abiertos al lobby y a la búsqueda de renta para fomentarla.

¡Ramen!

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