Piedra libre por la neutralidad tecnológica

Una de las características esenciales del estado de derecho es la igualdad entre las personas. Para todos es sobreentendido que el Estado debe comportarse sin favoritismos ni discriminaciones. Este principio es válido en todas las instancias en las que el Estado interactúa con los individuos. El término “neutralidad tecnológica” está ganando terreno como una manera de nombrar la aplicación de este principio a aquellos casos en los que la interacción se da a través de medios electrónicos.

En el campo de las comunicaciones informáticas, la idea básica es que el Estado debe brindar los mismos servicios, con la misma calidad, a todas las personas, independientemente de la marca de sus computadoras, o de los programas que usen, de la misma manera que la mesa de ayuda de un organismo público atiende del mismo modo a quienes llaman, sin importar la empresa a la que contratan el servicio telefónico.

Las grandes empresas nos muestran a las claras que este objetivo puede lograrse: basta con ver la amplitud y complejidad de la oferta de servicios de gigantes como Google, Yahoo, Amazon.com y muchos otros para ver que es posible brindar servicios de gran profundidad de tal manera que puedan ser utilizados desde cualquier plataforma. Lamentablemente vemos que, en la práctica, estas trasnacionales tratan a sus clientes de una manera mucho más igualitaria que lo que lo hace el Estado argentino con sus habitantes. Veamos algunos ejemplos.

Los medios de todos, ¿para todos?

El Sistema Nacional de Medios Públicos ha tenido el buen tino de transmitir la señal de Canal 7 y de Radio Nacional a través de Internet. De esta manera, los contenidos de los medios de todos están accesibles a cualquier persona que cuente con una conexión a Internet… y una copia de Microsoft Media Player, una pieza de software que sólo corre en algunos tipos de máquinas, y que es uno de los ejemplos más flagrantes de condiciones de licenciamiento abusivamente restrictivas.

Es perfectamente posible transmitir estas señales usando formatos y protocolos multiplataforma y libres de toda restricción, como por ejemplo OGG/Theora, permitiendo así el acceso a través de una multitud de dispositivos y sistemas operativos. Tal como está ahora, el Estado provee este servicio sólo a los clientes de una determinada corporación.

La casilla de peaje a la entrada de AFIP

Si hay una entidad estatal con la que todos los habitantes del país debemos guardar relación, nos guste o no, es AFIP. Este antipático organismo es citado a menudo como uno de los modelos de organización estatal que ofrece servicios a través de Internet para simplificar la interacción con el ciudadano. En efecto, AFIP publica programas y herramientas informáticas que facilitan enormemente la administración de nuestras obligaciones impositivas. En ocasiones, estas herramientas no son meramente convenientes, sino que su uso es obligatorio por parte de todos los contribuyentes. Éstos, agradecidos… al menos en tanto y en cuanto sean usuarios de Microsoft Internet Explorer, Microsoft Windows y/o Microsoft Office.

Las personas que usan máquinas que no corren estos programas, o que no desean adquirir las licencias correspondientes, se encuentran con que no pueden utilizar muchos de los servicios útiles que ofrece AFIP. Todos estos podrían ser canalizados a través de mecanismos que funcionan con cualquier máquina. Sin embargo, AFIP decidió que “todo el mundo tiene Windows” y de esa manera, probablemente sin quererlo, terminó instalando una casilla de peaje de Microsoft a la entrada de su sitio web.

El medio es el mensaje

Una de las iniciativas más encomiables del Ministerio de Educación es el Programa Integral para la Igualdad Educativa (PIIE), que organiza acciones dirigidas a escuelas estatales, urbanas y primarias a las que asisten estudiantes en situación de vulnerabilidad social. Una de tales acciones es el proyecto de Fortalecimiento Pedagógico de las Escuelas del Programa Integral para la Igualdad Educativa (FOPIIE), uno de cuyos componentes apunta a apoyar a estas escuelas en el acceso a las tecnologías informáticas.

Actualmente está en curso un programa de capacitación de docentes para asistirlos en la adquisición de habilidades en tecnologías multimedia, y en los materiales se observa un esfuerzo por evitar la publicidad de productos específicos. Sin embargo, un elemento central de los materiales de este programa de capacitación es un CD con medios educativos muy atractivos… que sólo pueden ser accedidos a través de Microsoft Internet Explorer, con lo que toda pretensión de “neutralidad tecnológica” termina escondida detrás del logotipo del monopolio de software más grande del planeta.

¡Ay, las palabras!

Lo curioso del asunto es que si uno enfrenta a los responsables de estos flagrantes casos de favoritismo, ¡lo más probable es que ellos mismos utilicen la “neutralidad tecnológica” en su propia defensa! Tal como muestra el artículo en Wikipedia sobre el tema, el significado del término depende de quién lo use.

Por ejemplo, cuando lo usa Bill Gates, el término no tiene nada que ver con la accesibilidad por parte de las personas. Según su particular visión, el Estado es “tecnológicamente neutral” cuando, al evaluar cuáles programas usar, deja fuera del análisis elementos tales como la licencia bajo la que se lo distribuye (cabe preguntarse desde cuándo las condiciones de licenciamiento son “tecnología”), o si el programa ha sido deliberadamente construido de tal modo de no funcionar bien con programas de otros proveedores.

Los resultados de aplicar esa definición están a la vista: lejos de actuar de modo de disminuir la influencia en el mercado de una empresa varias veces convicta de abuso de poder monopólico (por ejemplo en EEUU y en la Unión Europea), la refuerza.

Afortunadamente, hay organizaciones estatales que están cambiando en la dirección correcta. Por ejemplo, la Municipalidad de Rosario, además de estar embarcada en una transición a Software Libre, está prestando atención a que todos sus nuevos servicios sean accesibles usando cualquier navegador y sistema operativo que respete los estándares. Tambien el portal de la República Argentina es un refrescante ejemplo de que el Estado puede, cuando quiere, comunicarse con los habitantes sin favoritismos.

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