— ¿La viste a Verónica? Está irreconocible.

— Estuvo en Brasil, se hizo la cola y las lolas. ¡Si antes era una tabla!

— Le quedó bastante flojo, sobre todo las lolas ¿no? En Brasil te agarra cada chanta… Mirá, a mí el único que me toca la cola es el Doctor Merkloff, en Rumania.

— Bueno, esta noche ya te la llevan bien tocada Ramiro, Gonzalo, Ernesto y ahora Marcelo, y eso sin contar el intento fallido de Dolores…

— ¡No te hagas la estúpida, vos sabés lo que quiero decir! Pero en serio, qué colgada Dolores, ¿no? ¿Es que no lee las revistas? ¿No se enteró que esta temporada el lesbianismo está mega-out? Encima, se vino a meter justo cuando estaba en medio del orgasmo, me distrajo, y después no me acordaba por dónde iba.

— Sí, te lo re-cagó… Y te digo que te venía saliendo una masa, estaban todos los tipos pendientes porque venía re-auténtico… no sé, el pelo agitado, los labios húmedos, los ojos así abiertos, los pezones duros, los gemidos, todo, todo estaba genial. ¿De dónde lo sacaste?

— ¿Te gustó? Es nuevo, absolutamente el último grito en New Orleans. Lo quise hacer un ratito antes con Ramiro, pero no resultó porque él no lo conocía y se salía de ritmo, no lo podía llevar… Pobre Ramiro, es divino, y además me queda re-lindo, pero es de telgopor, no se sabe uno solo de los orgasmos de moda. En cambio después, con Gonzalo, la cosa anduvo de diez, lo que pasa es que con él y Valeria hicimos un workshop en la escuela del Maestro Mubata el mes pasado…

— ¿En serio con Mubata? ¿El que escribió “Dime cómo acabas, y te diré quién eres”?

— Ese. Vos no sabés lo que es. A-lu-ci-nan-te, el MaMu es un flash total. Te enseña ejercicios de respiración, de coreografía y de concentración. Es que lo importante es la concentración, no distraerte porque se va todo el efecto a la mierda. A mí, por ejemplo, me tuvo tres días practicando, hasta que pude leer completo el primer capítulo de “Platero y yo” sin cambiar la inflexión de voz mientras me hacían un cunnilingus.

— ¡Qué envidia! Yo quise ir al curso cuando estuvo por acá, pero justo tuve que acompañarlo a mi marido a la final del campeonato de polo…

— ¡Pero no, querida, nada que ver! El MaMu acá y el MaMu en New Orleans son dos cosas completamente distintas. Imaginate que me contaron que cuando estuvo acá dejaba entrar gorditas en el curso. En cambio allá el tipo… ¡ay, pero fijate la hora que es! Disculpame, pero Marcelo ya me está transando desde hace más de siete minutos y medio, y si no finjo un orgasmo pronto, la víbora de Consuelo va a empezar de nuevo con ese verso de que soy frígida. ¿Me esperarías un segundo en la barra? Es apenas un minutito y ya te sigo contando…

— Vos hacé la tuya, no te preocupes, te espero. ¿Querés que te vaya pidiendo un trago?

— Gracias, sos un tesoro. Para mí, cualquier cosa, aunque tenga calorías, total después vomito, ¿OK? En seguidita estoy con vos. ¿Estás listo, Marcelito mi amor? Vamos: ¡Siiii, por favor, más fuerte, más, siii, siiiii, dámelo dámelo ya, ya, ya, yaaaAAAaaaAAAhhhhhhhh, dámelo mi amor dámelo…!

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