Con motivo de la adquisición de Palm por parte de Hewlett-Packard el sitio Technologizer publicó un artículo mostrando patentes que ilustran las ideas que Palm exploró en su historia. El artículo está presentado de una manera muy molesta (hay que visitar 11 páginas distintas para leerlo completo), pero es razonablemente entretenido. Su mayor valor, sin embargo, es que muestra un par de ejemplos de cómo se otorgan patentes antes de que se produzca la invención en sí.
El primer ejemplo es un dispositivo portátil de videoconferencia, que permitiría a personas comunicarse usando audio, video y documentos compartidos, a través de una conexión de banda ancha inalámbrica. No cabe duda de que sería un aparato útil, el problema es que nadie sabe hoy, ni siquiera Palm, cómo construir un dispositivo de esas características.
Se supone que la patente no cubre el “qué,” sino el “cómo:” no se patenta “un carruaje sin caballos” sino una manera específica de montar un motor a explosión sobre un chasis, de modo que mueva las ruedas. La descripción de la patente debería ser tal que una persona versada en la materia pudiera, simplemente siguiendo sus instrucciones, obtener el resultado deseado. En este caso, sin embargo, Palm patentó este concepto aún sin saber cómo construirlo. El resultado es que si en algún momento los avances en procesamiento, comunicaciones y software llegan al nivel necesario para poder producir esto, los auténticos inventores tendrán que pedir licencia a Hewlett-Packard para poder comercializar su propio invento.
Otro ejemplo que aparece en el artículo es este teléfono angosto que, cuando se lo abre, muestra una agenda electrónica de ancho normal gracias al uso de una pantalla plegable. Lástima que, más allá de algunos prototipos que sólo funcionan bajo condiciones de laboratorio, los martes en horario de atención bancaria, con marea baja y sólo si el usuario no tiene caspa, las pantallas plegables siguen firmemente plantadas en el terreno de la ciencia-ficción.
De nuevo, el día que alguien efectivamente invente una pantalla plegable que haga practicable este diseño, no podrá utilizarla en productos a menos que Hewlett-Packard le de permiso.
¿Qué pasó con la idea de que las patentes buscan favorecer a los inventores?



Hola Federico, si bien la ley no prohibe patentar cosas no inventadas, tampoco tiene mucha utilidad hacerlo debido a que desde el momento de la publicación empieza a correr los 20 años de monopolio temporal y si no tenes el producto, es tiempo que perdes de cobertura. Si la patente sirve para tener el monopolio de la venta de algo, si no tenes ese algo, de poco te sirve la patente.
Por otra parte la única manera que habría de ver si realmente HP inventó o no un aparato determinado, seria que se entregue un prototipo en la oficina de patentes, cosa poco practica si uno inventa digamos una nueva torre de perforación de petroleo.
En la práctica los registros dejan patentar casi cualquier cosa, luego si un particular tiene una razón para creer que la patente no cumple con algún requisito, la tiene que objetar.
En realidad, la ley de patentes sí exige que, para patentar algo, lo hayas inventado primero. Lo que pasa es que las oficinas de patentes están más interesadas en otorgarlas que en rechazarlas, porque así tienen más clientes, lo que les da más plata. Es triste, pero es así.
Acerca de que la única manera de ver si algo está inventado o no es entregar un prototipo, no es cierto. El derecho de patentes dice que, para obtener la patente, el inventor debe presentar su solicitud de manera tal que “una persona versada en el arte” pueda, simplemente siguiendo las instrucciones, duplicar el resultado.
Estas patentes muestran a las claras que, al menos en EEUU, la oficina de patentes no se toma muy en serio esos requisitos.