Las empresas de entretenimiento están ávidas de recibir el dinero de sus clientes, pero éstos a menudo reciben menos que lo que creen estar comprando. Muchas películas y CDs contienen mecanismos diseñados específicamente para limitar el derecho del cliente de disfrutar de aquello por lo que pagó.

Productos mutilados

Compartir cultura es uno de los pilares de la sociedad, y una de las maneras más comunes de relación entre las personas. Todos y todas damos por sentado que podemos ir a una biblioteca a que nos preste un libro. Todo hombre recuerda haber grabado una selección de canciones de su colección para regalársela a una mujer que amaba. Libros, música y películas están entre los regalos más comunes que nos hacemos entre nosotros. ¿Se imagina Ud. comprar un libro que no se puede prestar? ¿Regalar un CD sin saber si quien lo recibe va a poder escucharlo? ¿Mudarse, y descubrir que tiene que volver a comprar su colección de películas? Peor aún, imagine descubrir que si Ud. encontrara una manera de evitar estas restricciones, no podría hacerlo sin violar la ley. Ahora, imagine que estamos mucho más cerca de esa situación que lo que muchas personas creen: las editoriales, discográficas, distribuidoras de películas y demás están entregando a sus clientes productos deliberadamente degradados, con el único fin de maximizar sus ganancias sin tener en cuenta el impacto de sus acciones en la manera en la que la sociedad comparte la cultura.

Es tuyo, pero sólo en esta zona

Uno de los ejemplos más claros de esta actitud puede verse en las películas distribuidas en el formato DVD. Cuando aparecieron en el mercado las videocassetteras, sus usuarios a veces experimentaban el problema de que tal o cual cassette no era de la “norma” adecuada para verlo en su aparato. Esto se debía a un accidente histórico-tecnológico, gracias al cual algunos países transmiten televisión a color con el sistema NTSC, otros PAL, y otros SECAM. La solución de este problema apareció en la forma de televisores y reproductores “multinorma”, que estaban en condiciones de reproducir películas provenientes de cualquier país. Cuando la industria electrónica se unió en un consorcio para desarrollar el DVD como formato digital para películas, tuvo la oportunidad de eliminar estas dificultades: una de las ventajas de los formatos digitales es que eliminan las restricciones técnicas impuestas por la norma de video. En principio, no existe razón técnica por la cual un DVD de EEUU no pueda ser visto en un reproductor en Francia.

Lamentablemente, las cosas no salieron así. Las distribuidoras de películas exigieron que los DVDs tuvieran lo que hoy conocemos como “codificación regional”, y que consiste en introducir una incompatibilidad deliberada entre los DVDs que se comercializan en una parte del mundo y los reproductores que se venden en otras partes. Así, si bien es perfectamente posible comercializar DVDs que puedan verse en todo el mundo, gran parte de los DVDs disponibles en el mercado sólo pueden ser vistos con un reproductor de una determinada zona. Así, una persona que compra películas en formato DVD en América del Sur y luego se muda a Europa debe recordar llevar consigo también el reproductor (sabiendo que con éste no podrá reproducir las películas que compre allá y rogando que nunca se rompa) o volver a comprar sus películas. Una persona que vive en Hong Kong puede enviar un DVD de regalo a su familia en ?frica, pero los destinatarios del regalo no van a poder disfrutarla. Es importante destacar aquí que no estamos hablando de ninguna violación a los derechos de autor: son personas que quieren ver su DVD en su reproductor. Si no pueden hacerlo en virtud de una restricción tecnológica deliberada introducida a pedido de los mismos que les venden la película, entonces ¿qué compraron?.

El cerrojo comercial

Uno podría pensar, por cierto, que este problema puede resolverse de la misma manera que lo hacíamos con los videocassettes: comprando un reproductor “multizona”. De hecho, los hay en el mercado, y la mayoría de las personas que hoy compran un reproductor de DVD saben que conviene pedir uno que tenga esta capacidad. Lo que muchas personas no saben es que estos aparatos sólo pueden comercializarse como tales en forma clandestina. Esto es así porque, para poder fabricar reproductores de DVD, es necesario primero obtener una licencia del DVD Consortium. Una de las condiciones para obtener dicha licencia es que el fabricante se comprometa contractualmente a que los reproductores que lleguen al mercado en una determinada zona del mundo no acepten DVDs codificados para otra zona. La única razón por la que los reproductores multizona existen es que, desde el punto de vista logístico, sería demasiado riesgoso para las empresas fabricar reproductores que sólo pudieran venderse en una determinada zona del mundo. Así, el DVD Consortium se da por satisfecho con reproductores que pueden ser configurados para distintas zonas, siempre y cuando lleguen al mercado preconfigurados, y el cliente no disponga de una manera sencilla de alterar la configuración. Quienes venden los dispositivos, que son los que están en contacto con la demanda real de los clientes, se encuentran con que su trabajo es casi imposible si no entregan al cliente, junto con el aparato, una hoja fotocopiada con las instrucciones para reprogramarlo.

El cerrojo legal

El DVD Consortium no sólo se enfrenta a la insubordinación del canal comercial cuando se trata de acatar la codificación regional. También se encuentra con que el mecanismo criptográfico en el se basa es intrínsecamente ineficaz: hace años que un adolescente europeo lo “quebró”, y gracias a ello existen varios reproductores de DVD basados en Software Libre que permiten utilizar una computadora para ver DVDs de cualquier zona.

Quienes pretenden imponer la codificación regional se enfrentan con una situación poco envidiable: los clientes la detestan porque los limita indebidamente, los vendedores enseñan a evadirla porque es lo que los clientes le piden, los fabricantes no la quieren porque les aumenta los costos y hacen que sus productos sean menos apetecibles para el consumidor. La reacción más lógica ante esta situación sería, por cierto, que el DVD Consortium reconociera que la codificación regional fue una mala idea y la abandonara definitivamente. Lamentablemente, esta organización es demasiado obstinada como para tomar un curso de acción tan razonable. Enfrentados con el hecho de que nadie está dispuesto a aceptar sus reglas, decidieron que la solución del problema es presionar a los gobiernos de todo el mundo, a través de organismos como la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), para exigirles que sancionen leyes que castiguen a todos aquellos que no respeten la codificación regional. Así hay ya varios países, entre ellos los EEUU, en los que es ilegal usar dispositivos que ignoren la codificación regional.

Maltratar a los clientes es mala política de negocios

¿Es sorprendente que los clientes, puestos a elegir entre comprar un DVD con restricciones o bajar de Internet una película sin ellas, elijan lo segundo? Es cierto, hacerlo es ilegal, pero los mismos distribuidores de películas están relativizando los conceptos de legalidad e ilegalidad cuando criminalizan acciones legítimas, tales como ver un DVD fuera del área comercialmente bendecida. Si ya están tratando a sus propios clientes como criminales, no deberían asombrarse de que éstos ignoren una ley que perciben como desmedida.

Average Rating: 5 out of 5 based on 294 user reviews.

Leave a Comment


NOTE - You can use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>