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¿MAFIAA le enseña aritmética al parlamento Europeo?

La cosa es así: cuando una obra está bajo derecho de autor, pero no hay forma de encontrar a quien lo ejerce, estamos ante una “obra huérfana”. Teniendo en cuenta que el derecho de autor en estos días dura la friolera de toda la vida del autor más setenta años, esto ocurre con mucha frecuencia.

Es triste el destino de las obras huérfanas, esencialmente están destinadas al olvido: por más que haya gente que las considere valiosas y quiera republicarlas, no puede hacerlo porque para eso hace falta permiso del derechohabiente… que no está por ningún lado.

Circula en este momento por el Parlamento Europeo una propuesta de reforma de la ley de derecho de autor que permitiría la republicación de obras huérfanas. Lamentablemente, esa propuesta recibió un revés cuando perdió, por 14 votos contra 12, la votación en el el comité de Asuntos Legales.

¿El problema? El comité de Asuntos Legales tiene 23 miembros. Y la última vez que me fijé, 14+12=26.

Lo divertido es que, encima, alguien parece haberse dado cuenta de la diferencia, y exigió que se repitiera la votación, pero la moción fue denegada (probablemente por 42 votos contra π).

Esto pasa cuando uno aprende aritmética de gente como la RIAA, la MPAA y sus amigos, que aseguran que cada vez que alguien copia una canción, pierden 150.000 dólares, o que pierden 176.000.000 dólares en una película que factura 938.200.000.

Adiós al peaje a la cultura

Escribí esta nota para acompañar un informe sobre SOPA/PIPA que publicó la revista Ciudad X.

Durante muchos años, el negocio editorial (discográfico, etc.) fue prácticamente una licencia para imprimir dinero.

Aprovechaba el hecho de que copiar y distribuir obrar en forma de libros, discos, películas, era muy caro (una actividad industrial intensiva en capital, y por lo tanto sólo accesible a unos pocos) para instituirse en el único vínculo entre los autores y su público: los autores no podían llegar al público sin que alguien los publicara, el público no podía disfrutar de obras a menos que alguien produjera copias.

Operar este vínculo era particularmente lucrativo, porque permitía cobrar dos veces: a los autores le cobraban por la publicidad y la distribución de la obra, al público le cobraban por los ejemplares de la obra. En otras palabras: al autor le vendían público, y al público le vendían autores.

Dos puntas tiene el camino, y en las dos alguien me paga. Read more »