Archivos de Categoría: Orgías

La orgía católica

Dicen los estudiosos que el principal aporte del Cristianismo al pensamiento humano fue el concepto del amor al prójimo. Dicen también que fue de esta idea que surgió la otra gran novedad, la pretensión de aunar a la raza humana en una “asamblea universal” o “Iglesia Católica”, que es lo mismo. Hasta entonces, cada religión se ocupaba de mantener el imaginario de sus dioses, sin preocuparse por las demás, salvo quizás para plagiarles algún dios que les parecía particularmente bien logrado. El nuevo ideal expansionista del Catolicismo, en cambio, requería la conversión de todos a un único Dios, motivando incontables campañas de evangelización a través de los siglos, y plantando quizás el germen de lo que hoy llamamos marketing.

La primera dificultad con la que se enfrentaron los evangelistas fue la particular resistencia de los romanos a convertirse a la nueva fe. Una resistencia muy comprensible, por supuesto: desde las lúgubres reuniones en las catacumbas hasta los ocasionales quince minutos de fama como aperitivo de los leones del Circo Máximo, la vida del creyente de aquellos tiempos abundaba en incomodidades. Más grave que esta circunstancia, sin embargo, era la personalidad de Jehová, tan ajena a la mentalidad romana. Alcanzaban a comprender que hubiera tenido un hijo con una mortal — su propia tradición estaba repleta de antecedentes similares — pero en el resto de sus actitudes les resultaba demasiado contradictorio. Los infortunios terrenales, que ellos siempre habían interpretado como los desplantes propios de sus deidades lascivas e iracundas, debían ser ahora entendidos, de alguna manera, como muestras del amor de un Dios misterioso y contemplativo, que por lo demás predicaba el “amáos los unos a los otros” con la misma frescura con que proclamaba al celibato como estado ideal. Quizás esta última ocurrencia, tan foránea a las inclinaciones romanas, fuera la más conflictiva a la hora de decidir un cambio de fe. Los romanos no se acostumbraban. Extrañaban: al margen del éxito de las campañas de evangelización, la deserción de las filas del Señor en época de bacanales era catastrófica.

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Actitudes a evitar si uno se encuentra con parientes muy, pero muy cercanos en el transcurso de una orgía

Julio entró a la habitación, y cerró la puerta de un portazo.

— ¿Se puede saber qué hacés vos acá?

Diego hundió la cabeza y los hombros para no mirarlo a los ojos, y permaneció en silencio.

— Dejalo tranquilo, pobrecito, ¿no ves que está asustado? — dijo Claudia tratando de acercarse a Diego, quien retrocedió ante su mano como si fuera a quemarlo.

— ¡Quiero saber qué hace él acá!

— ¿Y vos qué pensás? ¿Que sos el único hombre exitoso de la familia? ¿No se te ocurre que nuestro hijo ya puede ser un abogado con suficiente renombre como para que lo inviten a una orgía de los Gómez Días? Leer más »

La orgía fashion

— ¿La viste a Verónica? Está irreconocible.

— Estuvo en Brasil, se hizo la cola y las lolas. ¡Si antes era una tabla!

— Le quedó bastante flojo, sobre todo las lolas ¿no? En Brasil te agarra cada chanta… Mirá, a mí el único que me toca la cola es el Doctor Merkloff, en Rumania.

— Bueno, esta noche ya te la llevan bien tocada Ramiro, Gonzalo, Ernesto y ahora Marcelo, y eso sin contar el intento fallido de Dolores…

— ¡No te hagas la estúpida, vos sabés lo que quiero decir! Pero en serio, qué colgada Dolores, ¿no? ¿Es que no lee las revistas? ¿No se enteró que esta temporada el lesbianismo está mega-out? Encima, se vino a meter justo cuando estaba en medio del orgasmo, me distrajo, y después no me acordaba por dónde iba. Leer más »

A propósito de “orgía”

La palabra “orgía” nos viene derechito y casi sin escalas del griego, o del latín, a esta altura ya poco importa. Es notable que, pese a la antigüedad de la palabra, su significado haya cambiado tan poco en el transcurso del tiempo como su ortografía, y mucho podemos aprender de la disposición de la gente de la época con sólo observar que reservaron, de entrada, una palabra de apenas tres sílabas para nombrar un concepto que hoy nos exigiría, si quisiéramos prescindir de ella, recurrir a engendros mucho más largos como “pasarla bomba”, “tirar manteca al techo” (¡ay, los eufemismos!) o “armar un desmadre”. Esta diferencia en la facilidad de expresión de un mismo concepto sólo puede indicarnos que, en aquellas épocas, el término era mucho más usado que ahora, y por ello requería de comodidad y rapidez a la hora de pronunciarla. Es este un muy buen momento para morirnos de envidia. Leer más »

Orgías con animales

Haceme caso, no lo invités, yo sé lo que te digo. Vos vas a pensar que soy un amargo, pero qué querés que le haga. Lo que pasa es que vos tenés la imagen de que es un tipo divertido, popular, influyente, y no me digas que no te gustaría anotarte un poroto, pero si vos te creés que él te va a llevar a su casa en Los Angeles, o donde mierda sea que vive, porque vos lo invites a tu orgía, estás chupado. Leer más »

Mi maestra me decía que nada hay mejor que una orgía

Jacinta ama a sus alumnos como a su vida. A las siete y media de la mañana, cuando Graciela todavía está de bata en su casa despidiendo a su marido, ella ya ha llegado al colegio. Quién sabe qué niño puede llegar hoy más temprano y requerir de sus atenciones, o qué padre puede tener alguna duda o consulta que formularle acerca de la educación de su hijo o hija. Comenzada la clase, a las ocho y media de la mañana, mientras Alfonso sube a su taxi al primer pasajero que no lo asalta, Jacinta sonríe plácida ante las miradas atentas de treinta pares de ojos que siguen sus palabras como embelesados. Leer más »

Breve interludio acerca del placer

Hay un momento, que podríamos ubicar justo después del sexo, tan próximo que aún se confunde con él, cuando las últimas oleadas del orgasmo ya se retiran, cuando van cediendo los temblores, las convulsiones y los jadeos para convertirse de a poco en suaves cosquillas y respiraciones pausadas, y entonces Leer más »

La orgía de a uno

El 8 de febrero de 1994, los diarios del Reino Unido reportaban la prematura muerte de Mr. Stephen Milligan, Honorable Miembro del Parlamento Británico por el partido conservador de Inglaterra. El día anterior, Milligan había sido encontrado en su casa, muerto por asfixia sobre la mesa de la cocina. Las únicas prendas que vestía en el momento de su deceso eran un par de medias finas de seda y su correspondiente portaligas. Tenía la cabeza envuelta en una bolsa de polietileno, ceñida al cuello con un cable eléctrico, y en la boca una naranja pelada. Leer más »

A qué orgías no concurrir

En el primer día de sus vacaciones en el Caribe, Martín salió a matar. De abajo para arriba llevaba ojotas, bermudas rojas, camisa floreada, amplia como para disimular la zapán y abierta para que se viera la cadena de oro, anteojos negros con marco de metal dorado y la gorra del Club Atlético Talleres, que no por seductor iba a renegar de sus sentimientos más profundos. Entró a la playa con el pecho henchido, consciente de que las minas lo miraban. Con su andar recio, tirando arena para arriba con el talón de las ojotas a cada paso, se dirigió a un sillón de playa sobre el que se recostó con un profundo suspiro de placer. Leer más »